Lo que debió ser una jornada de orgullo, memoria y celebración por el 60 aniversario de la Escuela Secundaria Andrés S. Viesca del municipio de San Buenaventura, terminó convirtiéndose en un episodio amargo que hoy genera indignación, preocupación y un llamado urgente a revisar la convivencia escolar. Un video difundido masivamente en redes sociales, exhibe una pelea entre dos alumnas al interior del plantel, hecho que ha encendido las alarmas entre padres de familia y la comunidad educativa de la Región Centro.
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Las imágenes, breves pero contundentes, muestran a dos adolescentes intercambiando golpes en el patio escolar, mientras decenas de estudiantes rodean la escena. Lejos de intervenir de inmediato, varios compañeros observan el altercado, algunos incluso alentando la confrontación, lo que evidencia no solo un conflicto entre dos menores, sino un entorno donde la violencia logró desarrollarse durante varios segundos sin contención oportuna. La situación se detiene únicamente cuando adultos —presuntamente docentes— irrumpen en el círculo de estudiantes y logran separar a las involucradas.
Un festejo empañado por la violencia
El contexto en el que ocurre este incidente ha profundizado la molestia y el desconcierto de los padres de familia. La riña se registró durante las actividades conmemorativas por los 60 años de la institución, una escuela considerada histórica y emblemática para San Buenaventura, por la que han pasado generaciones de estudiantes y docentes.
En lugar de destacar logros académicos, trayectorias educativas y el legado formativo del plantel, la atención pública se ha centrado en un acto de violencia que pone en entredicho los mecanismos de prevención, vigilancia y atención a los conflictos entre alumnos. Para muchos padres, el episodio no es un hecho aislado, sino el reflejo de una problemática más profunda relacionada con el acoso escolar, la falta de supervisión y la normalización de la violencia entre jóvenes.
“Es muy preocupante que esto haya pasado justo en un evento tan importante para la escuela. Se supone que debía ser un ambiente de festejo y terminó siendo todo lo contrario”, señalaron algunos padres, quienes pidieron mayor claridad y acciones concretas por parte de las autoridades educativas.
Hermetismo y falta de información oficial
A pesar de la difusión del video y de la indignación que ha generado en redes sociales y en la Región Centro, hasta el momento persiste el silencio oficial. La dirección de la Secundaria Andrés S. Viesca no ha emitido un comunicado que explique las circunstancias del hecho, ni ha informado sobre las medidas que se han tomado tras el altercado.
También se desconoce si las alumnas involucradas han recibido atención psicológica, acompañamiento por parte del área de trabajo social o si se activaron los protocolos establecidos para casos de violencia escolar. Esta falta de información ha incrementado la incertidumbre entre los padres de familia, quienes exigen garantías de seguridad para sus hijos dentro del plantel.
Asimismo, este medio buscó la postura de Abraham Segundo González, director de Servicios Educativos en la Región Centro, con el objetivo de conocer si la dependencia a su cargo ya tiene conocimiento formal del caso y qué acciones se contemplan. Sin embargo, hasta el cierre de esta edición no se obtuvo una respuesta oficial.
Un llamado a revisar la convivencia escolar
El caso ha reabierto el debate sobre la necesidad de reforzar los programas de prevención del acoso escolar, la atención emocional de los estudiantes y la capacitación del personal docente para actuar de manera inmediata ante situaciones de riesgo. Padres de familia coinciden en que no basta con sanciones disciplinarias, sino que se requiere una intervención integral que atienda las causas de la violencia y promueva una cultura de respeto y diálogo dentro de las aulas.
Mientras tanto, la comunidad educativa de San Buenaventura espera una postura clara por parte de las autoridades escolares y educativas, así como acciones concretas que permitan devolver la confianza y garantizar que hechos como este no vuelvan a repetirse, especialmente en espacios que deberían ser seguros y formativos para niñas, niños y adolescentes.

