Por Federico Cánovas Gómez Urquiza
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Sequía, costos de producción, exportaciones y crimen organizado presionan al alza los precios, mientras productores reciben menos de la mitad del valor final
El jitomate, ingrediente esencial de la cocina mexicana, atraviesa un periodo de encarecimiento que impacta directamente el bolsillo de las familias. En las últimas semanas, su precio ha registrado incrementos significativos a nivel nacional, convirtiéndose en un producto cada vez menos accesible pese a su carácter básico en la alimentación cotidiana.
De acuerdo con datos de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), el precio promedio nacional ronda los 42 pesos por kilogramo. Sin embargo, en algunos puntos del país la cifra es considerablemente mayor: en la Ciudad de México se han reportado precios de hasta 98 pesos por kilo en la variedad bola, mientras que el jitomate saladette —el más consumido— ha superado los 62 pesos en cadenas comerciales. En el norte y sur del país, los precios oscilan entre los 45 y 46 pesos en supermercados, y en centrales de abasto superan los 37 pesos por kilogramo.
En contraste, los productores reciben en promedio alrededor de 17 pesos por kilo al mayoreo, lo que evidencia una amplia brecha entre el origen y el consumidor final. Este diferencial responde a diversos factores, entre ellos costos logísticos, almacenamiento, intermediación e incluso prácticas ilícitas en la cadena de distribución.
Producción constante, pero vulnerable
El jitomate se produce prácticamente durante todo el año en México, gracias a técnicas agrícolas controladas que buscan satisfacer una alta demanda interna y de exportación. Sinaloa lidera la producción nacional, particularmente de la variedad saladette, que representa cerca del 80% del mercado. Otros estados como San Luis Potosí, Michoacán, Zacatecas, Jalisco, Baja California y el Estado de México complementan la oferta.
La producción se organiza principalmente en dos ciclos: el de invierno-primavera (diciembre a mayo), dominado por Sinaloa, y el de verano-otoño (junio a noviembre), donde participan otras entidades. Sin embargo, esta continuidad productiva no ha sido suficiente para evitar la presión sobre los precios.
Factores que explican el aumento
Diversos elementos coinciden en el actual encarecimiento del jitomate, configurando un escenario complejo:
1. Reducción en la producción por condiciones climáticas
En Sinaloa, principal estado productor, la superficie sembrada se redujo hasta en 30%. La causa principal fue la sequía, que llevó a las presas a operar por debajo del 20% de su capacidad. A ello se sumaron lluvias atípicas que afectaron los cultivos en etapas críticas, disminuyendo la oferta disponible.
2. Incentivos de exportación y presión internacional
La imposición de una cuota compensatoria de 17.09% por parte de Estados Unidos al jitomate mexicano modificó los incentivos del mercado. A pesar de este arancel, los precios en ese país alcanzaron niveles máximos en ocho años, lo que mantuvo atractivo el mercado de exportación para los productores mexicanos. En un contexto de menor disponibilidad interna, el producto tiende a dirigirse hacia donde se paga mejor.
Aunque existe la percepción de que México importa jitomate a precios elevados, esta práctica es marginal en comparación con el volumen exportado, que representa miles de millones de dólares frente a importaciones mucho menores.
3. Impacto del crimen organizado
La inseguridad en zonas productoras y rutas de transporte ha encarecido la cadena de suministro. Productores y transportistas enfrentan cobros ilegales que incrementan los costos operativos. En algunos casos, esta situación ha derivado en el abandono parcial o total de cultivos, reduciendo aún más la oferta.
4. Aumento en insumos agrícolas
Factores internacionales, como conflictos geopolíticos, han elevado el costo de fertilizantes y otros insumos clave. Este incremento afecta directamente la rentabilidad del cultivo y limita la capacidad productiva.
5. Intermediación y acaparamiento
El papel de intermediarios y prácticas de acaparamiento también influye en el precio final. En algunos casos, el costo del jitomate puede multiplicarse hasta tres veces desde su origen hasta su venta al consumidor, beneficiando principalmente a eslabones intermedios de la cadena.
Ajustes en el consumo familiar
El impacto ya se refleja en los hábitos de consumo. Se estima que una familia mexicana promedio, de aproximadamente 3.7 integrantes, consume entre 2.5 y 3.5 kilogramos de jitomate por semana. Ante los altos precios, muchas familias han comenzado a sustituirlo por alternativas más económicas, como puré de tomate envasado —cuyo precio se ha mantenido relativamente estable—, tomate verde (tomatillo) o incluso mezclas con zanahoria y calabaza en la preparación de salsas y guisos.
Un problema con efectos acumulativos
El encarecimiento del jitomate no responde a una sola causa, sino a la convergencia de factores estructurales, climáticos, económicos y de seguridad. Su impacto es particularmente relevante por tratarse de un insumo transversal en la dieta mexicana.
De mantenerse estas condiciones, el precio del jitomate podría seguir bajo presión, profundizando el efecto en la economía doméstica. El reto no solo radica en estabilizar la producción, sino en corregir distorsiones en la cadena de valor que hoy trasladan la mayor carga al consumidor final.
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