Parecía robo, pero en realidad batallaba para prender la moto

Lo que parecía ser un robo digno de película de acción en pleno centro de Monclova, terminó siendo un episodio más cercano a la comedia que al crimen. Cerca de la 1:00 de la madrugada, un hombre identificado como Juan Pablo, de 45 años, salió del bar “El Cucharón”, ubicado en la calle Venustiano Carranza. Salió todavía con el ritmo de la música pegado en los zapatos y la sonrisa de quien quemó suela en la pista.

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El problema vino después: su fiel motocicleta itálica, color negro, estacionada justo enfrente del bar, se negó a encender. O mejor dicho, Juan Pablo, en su estado etílico, no logró convencerla. Entre intentos fallidos, patadas al pedal y súplicas dignas de telenovela, algún testigo confundió la escena con un intento de robo. Entonces alguien llamó a la policía.

La patrulla llegó de inmediato, lista para atrapar al supuesto ladrón. Pero la sorpresa fue grande cuando el “delincuente” sacó las llaves originales y la tarjeta de circulación, demostrando que la moto era suya. El caso quedó aclarado: no había robo, solo un motociclista demasiado alegre para coordinar movimientos básicos.

Eso sí, la policía decidió que lo más prudente no era dejarlo manejar. Porque si apenas podía arrancar la moto, imagínese conducirla. Así que Juan Pablo recibió un “raíte” inesperado. No a su casa, sino a las celdas municipales, donde pasó la noche en compañía de la reflexión y quizá de un ligero dolor de cabeza.

Al final, lo que pudo ser nota roja terminó como anécdota pintoresca. Y es que en Monclova, hasta los supuestos robos pueden acabar en chiste. La moraleja: si va a bailar hasta el cansancio, asegúrese de que al salir pueda distinguir entre la pista de baile y el pedal de arranque.

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