Las desapariciones en México representan una de las heridas más profundas que enfrenta el país, una realidad que no puede normalizarse ni reducirse a cifras, fichas de búsqueda o discursos oficiales. Detrás de cada persona desaparecida hay una familia rota, una comunidad lastimada y una ausencia que duele todos los días.
En un mensaje dirigido a la sociedad, la Arquidiócesis Primada de México llamó a no cerrar los ojos ante el sufrimiento de las familias buscadoras, quienes viven atrapadas entre la esperanza de encontrar a sus seres queridos y la incertidumbre provocada por la falta de respuestas claras, investigaciones efectivas y acompañamiento institucional.
El posicionamiento surge luego de un encuentro con representantes de colectivos de búsqueda, quienes compartieron el desgaste emocional que enfrentan al sentirse atrapadas entre promesas que no se cumplen y acciones que, aunque inicialmente parecen abrir caminos de esperanza, terminan aumentando su frustración.
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Durante la reunión, las familias pidieron a la Iglesia acompañamiento en dos sentidos concretos: ayudar a sensibilizar y visibilizar la problemática de las desapariciones, y mantenerse cerca de ellas en su lucha diaria y en el dolor que cargan por la ausencia de sus seres queridos.
La Arquidiócesis advirtió que muchas familias no solo enfrentan la desaparición de un hijo, una hija, un esposo, una madre o un hermano, sino también la indiferencia, el prejuicio y el abandono institucional. En muchos casos, son las propias madres, padres y familiares quienes realizan jornadas de búsqueda sin el respaldo suficiente de las autoridades, exponiendo su seguridad, su salud física y su estabilidad emocional.
El mensaje subraya que las familias buscadoras padecen ansiedad, estrés, depresión e inestabilidad económica, consecuencias de una lucha que nadie debería enfrentar en soledad. Por ello, se hizo un llamado firme a las autoridades para actuar con responsabilidad, eficacia y sensibilidad.

“La justicia no puede quedarse detenida entre trámites, discursos encontrados o estrategias que se anuncian con fuerza, pero que no terminan traduciéndose en resultados que den certeza a las familias buscadoras”, señala el pronunciamiento.
La Iglesia también llamó a la ciudadanía a asumir esta crisis como una responsabilidad colectiva. Como vecinos, creyentes, ciudadanos y seres humanos, afirmó, existe el deber de escuchar, acompañar y sostener el grito de quienes exigen verdad y justicia.
En el marco de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, la Arquidiócesis recordó el mensaje de Jesús a sus discípulos: “Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, como una palabra de consuelo para quienes atraviesan la noche del dolor y la incertidumbre.
Finalmente, pidió abrir el corazón ante las familias buscadoras y acompañarlas en su esperanza, recordando que ninguna persona desaparece del corazón de Dios y que ninguna familia debe quedar sola frente a una tragedia que sigue golpeando a México
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