La Diócesis de Saltillo, a través del obispo Hilario González García, lanzó un fuerte llamado sobre la crisis de violencia y la presunta infiltración del crimen organizado en las estructuras políticas del país, al advertir que México enfrenta una peligrosa degradación moral donde la “narco-política” amenaza con destruir la justicia, la paz y la autoridad del Estado.
En su editorial semanal titulada “Narco-política: La paradoja que desgobierna a México”, el jerarca católico señaló que el principal problema del país ya no es únicamente la expansión de la delincuencia, sino la posibilidad de que sectores del poder hayan terminado por convivir o pactar con estructuras criminales.
“La soberanía de una nación no solo se defiende en las fronteras, sino en la limpia integridad de sus funcionarios. Si el Estado Mexicano insiste en gobernar con el diablo, no debe sorprendernos de que el infierno termine por instalarse en las calles”, expresó.
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El obispo sostuvo que el error actual consiste en pensar que el caos es producto de la ausencia de orden, cuando en realidad —afirmó— se trata de la imposición de “un orden equivocado” donde funcionarios y criminales terminan mezclándose.

“Lo que presenciamos no es una patria fragmentada por delincuentes, sino una extraña y siniestra costura donde el funcionario y el forajido comparten el mismo sastre”, señaló.
Hilario González aseguró que la Iglesia observa con preocupación comunidades golpeadas por la violencia, jóvenes atraídos por el crimen organizado y regiones enteras marcadas por el miedo y la descomposición social.
“La política ha destruido la paz. Se ha pretendido salvar el orden social olvidando la justicia, y el resultado es que nos hemos quedado sin ambas”, advirtió.
En el texto, el obispo criticó cualquier intento de alcanzar una aparente estabilidad mediante acuerdos o tolerancia hacia grupos criminales, al considerar que eso solo fortalece la impunidad y debilita la autoridad moral de las instituciones.

“Un pacto con el crimen para mantener una tranquilidad superficial es tan absurdo como incendiar la casa para librarse de las corrientes de aire”, afirmó.
La editorial sostiene que el problema de fondo no es solamente político o de seguridad, sino espiritual y ético, al considerar que la “narco-política” representa la renuncia de quienes gobiernan a ejercer con honestidad y firmeza su responsabilidad pública.
“Cuando el gobernante pacta con el traficante bajo la mesa, lo que se firma no es una tregua, sino un acta de sumisión”, expresó.
Asimismo, señaló que el crimen organizado no busca únicamente operar al margen de la ley, sino influir directamente en las estructuras de gobierno manteniendo una apariencia de legalidad.

“El crimen organizado no desea gobernar la Nación; desea algo mucho más perverso: que el gobierno trabaje para él mientras conserva las apariencias de la legalidad”, escribió.
El obispo retomó también el mensaje del Evangelio para advertir que ninguna autoridad puede servir simultáneamente a la legalidad y a los intereses criminales.
“México no puede arrodillarse ante el altar de la Constitución por la mañana y rendir tributo al dinero de la sangre por la tarde”, subrayó.
Finalmente, Hilario González aseguró que el país necesita recuperar la fortaleza moral de sus instituciones y de quienes ejercen el poder público.
“No necesitamos más armas ni discursos más sofisticados; necesitamos el milagro más antiguo y urgente del mundo: hombres con el coraje de volver a llamar al pan, pan; al vino, vino; y al crimen, pecado”, concluyó.
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