El mural de colores con niños sonriendo en un camión escolar contrasta con el silencio que hoy envuelve al jardín de niños María Helena Chanez, en la colonia Cañada Sur. Al pie de la barda, junto a los barrotes amarillos, decenas de veladoras encendidas, flores y un pequeño carrito azul forman el altar con el que vecinos y maestras despiden a Ian.
Este martes la escuela no abrió. Las clases se suspendieron y el plantel amaneció cerrado, marcado por la ausencia. En la entrada, las veladoras se acumulan: algunas son blancas, otras con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Entre ellas, una figura de madera de la Virgen resalta al centro, acompañando la llama que varias madres se acercaron a encender por el alma del menor.
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Adentro, el patio luce vacío. La cinta amarilla que colocaron las autoridades todavía delimita el área donde ocurrió el accidente. Y tirado en el suelo, como si el tiempo se hubiera detenido, está el columpio azul de donde presuntamente cayó Ian. A un lado, otra estructura de juegos permanece doblada, testigo mudo de la tragedia.
El dolor de la comunidad se escuchó en la voz de María Concepción Monsiváis, vecina que acudió a orar: “Yo les sugiero que por favor, y me duele, que pongan una cruz donde encontraron la sangre del niño, en donde se mató el niño, porque su espíritu ahí fue donde se elevó para el cielo”.
Hoy no hubo risas ni carreras en el recreo. Solo el murmullo de quienes llegan, se persignan y dejan una oración. El altar en la entrada del María Helena Chanez se quedará ahí, para que Ian no sea olvidado.
La Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Educación mantienen las investigaciones para esclarecer lo ocurrido.

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