La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) presentó un mensaje con motivo del centenario del conflicto religioso de 1926, en el que hizo un llamado a los mexicanos a recordar uno de los episodios más dolorosos de la historia nacional desde la reconciliación, la verdad y la construcción de la paz, dejando claro que esta conmemoración no pretende reabrir heridas ni alimentar confrontaciones políticas, sino fortalecer la memoria histórica y reafirmar la importancia de la libertad religiosa como un derecho humano fundamental.
En el documento titulado “Callaron las campanas de los templos, habló su sangre”, los obispos recuerdan que el 31 de julio de 1926 entró en vigor la llamada Ley Calles, legislación que restringió severamente el ejercicio del culto y sometió el ministerio sacerdotal al control del Estado.
Como consecuencia, días después se suspendieron las misas públicas en todo el país y comenzó uno de los capítulos más complejos de la historia contemporánea de México, que derivó en el conflicto armado conocido como la Guerra Cristera. A un siglo de distancia, la Iglesia sostiene que es momento de mirar aquellos acontecimientos con serenidad, memoria y esperanza

La CEM enfatiza que la conmemoración no representa una celebración de la guerra ni una reivindicación de la violencia. “No conmemoramos una guerra ni celebramos una victoria; no exaltamos las armas ni idealizamos la violencia”, señala el mensaje, en el que también se afirma que la intención es honrar la fidelidad de miles de creyentes, recordar el testimonio de los mártires y defender la libertad religiosa como un derecho que pertenece a todas las personas, independientemente de sus creencias.
“La libertad religiosa no es un privilegio del clero, sino un derecho de toda persona humana”, expresa el documento.
Los obispos también hacen un reconocimiento explícito de la persecución que sufrió la Iglesia durante aquellos años. En el texto se recuerda que hubo templos cerrados y profanados, sacerdotes fusilados sin juicio, religiosas expulsadas, laicos asesinados y miles de familias afectadas por la violencia.
“La persecución contra la Iglesia fue real”, sostienen, al tiempo que aclaran que nombrar esos hechos no significa fomentar el resentimiento, sino asumir la verdad como condición indispensable para alcanzar una auténtica reconciliación. “Nombrar estas injusticias no es agraviar a nadie: es cumplir el deber de la verdad”, señala el mensaje.

El Episcopado dedica además un apartado especial a la libertad religiosa en el México actual. Si bien reconoce que el país avanzó significativamente con las reformas constitucionales de 1992 y posteriores modificaciones legales que fortalecieron la relación entre el Estado y las iglesias, advierte que todavía existen limitaciones para el ejercicio pleno de este derecho.
Entre ellas menciona restricciones al culto fuera de los templos, obstáculos para que asociaciones religiosas accedan a concesiones de radio y televisión, así como limitaciones para que los padres puedan elegir la educación religiosa de sus hijos.
El documento también alerta sobre el impacto que la violencia del crimen organizado tiene en diversas regiones del país.
Los obispos afirman que existen comunidades donde la inseguridad impide vivir plenamente la fe y recuerdan el asesinato de sacerdotes ocurrido en los últimos años, entre ellos los jesuitas de Cerocahui y el padre Marcelo Pérez, como evidencia de que la violencia contra miembros de la Iglesia no pertenece únicamente al pasado. Asimismo, advierten sobre nuevas amenazas derivadas de la manipulación digital y de una cultura que reduce a la persona a un simple dato o perfil de consumo.

En la parte final del mensaje, la Conferencia del Episcopado Mexicano sostiene que México necesita recuperar la unidad nacional frente a problemas como la violencia, las desapariciones, la impunidad y la polarización política. “Cuando el otro deja de ser hermano, el país entero pierde”, afirman los obispos, quienes reiteran su compromiso con el Diálogo Nacional por la Paz, el acompañamiento a las víctimas y la promoción de una cultura del encuentro. Además, anuncian que durante los próximos años se desarrollarán jornadas de oración, peregrinaciones, congresos, actividades académicas y proyectos de formación que acompañarán la conmemoración del centenario rumbo al Jubileo Guadalupano de 2031.
El mensaje concluye con una invitación dirigida a todos los mexicanos para mirar la historia sin miedo, aprender de ella y construir un país donde prevalezcan la reconciliación, la justicia y la paz. “Que este tiempo nos encuentre reconciliados: capaces de nombrar la verdad sin odio, de perdonar sin olvidar y de construir juntos una nación donde ninguna conciencia sea coaccionada y ninguna vida sea descartable”, expresan los obispos en el documento firmado este 31 de julio de 2026.
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