La mañana arrancó con un susto que terminó en carcajada. Sobre el camellón del bulevar Juárez, justo frente al Auditorio de la FIME, los automovilistas se toparon con una escena digna de película: un hombre inmóvil, boca abajo, junto a una carriola vieja y polvosa. Más de uno pensó que se trataba de una tragedia y no dudó en llamar a la Policía Municipal.
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Minutos antes de las 7:00 horas, los conductores frenaban y miraban con preocupación. El sujeto no se movía ni un centímetro, parecía congelado en el tiempo. La tensión creció hasta que llegaron los oficiales, quienes se acercaron con cautela, listos para enfrentar lo peor.
Pero la historia dio un giro inesperado. El supuesto “accidentado” resultó ser Miguelito, personaje urbano conocido por sus andanzas y ocurrencias. ¿La razón de su quietud? Nada más y nada menos que un sueño profundo. El hombre había decidido que el camellón era el hotel cinco estrellas más accesible de la ciudad y se entregó a Morfeo sin preocuparse por el tráfico.
Al ser despertado, Miguelito confesó que había tenido una noche larga y que buscaba un rincón para descansar. Los policías, entre alivio y risa, confirmaron que no tenía lesiones y le recomendaron buscar un sitio más seguro. Incluso le ofrecieron pasar la noche en la comandancia, pero él, fiel a su estilo, prefirió seguir su camino con carriola en mano.
Así, lo que pintaba para nota roja terminó en anécdota chusca. Los automovilistas se fueron con la tranquilidad de que no hubo tragedia, y Miguelito con la certeza de que, aunque el camellón sea cómodo, no es el mejor lugar para echarse una pestañita.

