La voz de la familia Zapata Sifuentes se escuchó hace apenas unos días en las puertas de la Fiscalía: exigían justicia, pedían la captura del hombre que, según ellos, arrolló a Francisco Javier Zapata Nájera y lo dejó debatirse entre la vida y la muerte. Hoy, esa exigencia se convierte en clamor de rabia: Francisco no resistió más.
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El hombre de 44 años falleció la noche del jueves en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica 7 del IMSS, tras 19 días de lucha contra fracturas y un pulmón perforado. Los médicos confirmaron su muerte a las 19:27 horas, víctima de un paro cardiorrespiratorio. La noticia fue notificada a la Agencia de Investigación Criminal minutos después, y con ella se abrió un nuevo capítulo: el caso ya no es de lesiones, sino de homicidio.
El origen del drama
Todo comenzó la madrugada del 30 de agosto, en un convivio sobre la calle 13 de la colonia Guerrero. Según la declaración de su esposa, Nohemí Sarahi Sifuentes, una riña estalló en el lugar. En medio del caos, un sujeto abordó un Chevrolet gris y presuntamente embistió a los presentes. Francisco quedó tendido, inconsciente. La ambulancia lo llevó al hospital, donde inició una batalla que terminó en derrota.
El dolor y la impotencia
La familia reaccionó con furia al enterarse del desenlace. Golpes contra paredes, gritos de impotencia, lágrimas que se mezclaban con la rabia. “Mientras él agonizaba, el responsable seguía libre”, reclamaron. Los nombres de Edwin Rangel y Eduardo Gómez fueron señalados desde el inicio como presuntos involucrados, pero ninguno ha sido detenido. El expediente, interpuesto el 31 de agosto, sigue en manos de la Fiscalía General del Estado, Región Centro.
Un caso que exige respuestas
La muerte de Francisco Javier deja a su familia sumida en la desesperación y expone la herida abierta de una justicia que no llega. La investigación continúa, pero el reclamo es claro: que el prófugo responda ante la ley.
