Cuando el termómetro baja y el viento helado recorre las calles de Monclova, los hogares se convierten en refugios donde el calor no solo se busca con cobertores, sino también con el inconfundible aroma de un buen caldo de res hirviendo en la estufa.
El frío que se registró en la ciudad en los últimos días desató un fenómeno culinario pues la venta de ingredientes para preparar esta receta se disparó hasta en un 200 por ciento.
José Abelardo, comerciante ambulante de verduras en la calle Miguel Blanco de la Zona Centro, fue testigo de cómo las madres de familia, envueltas en sus abrigos y bufandas, llegaron decididas a llevarse todo lo necesario para que en sus casas el frío se enfrentara con cucharadas llenas de sabor y tradición.
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“De dos o tres bolsas que vendo al día, ahora vendí hasta más de diez”, dice José, con la satisfacción de quien sabe que su producto está contribuyendo no sólo a la preparación de este platillo sino también a una de las costumbres más queridas por los monclovenses: el caldo de res.
Sus bolsas, que incluyen repollo, chayote, calabaza, zanahoria, papa, elote y cilantro, se vendieron rápidamente.
A 80 pesos cada una, las clientas no dudaron en llevarse una, y algunas hasta dos, porque en Monclova todos saben que un buen caldo se disfruta mejor en familia, con tortillas recién hechas y un toque de limón e incluso salsa para darle el último golpe de sabor.

En muchas casas, la preparación del caldo de res va más allá de la simple cocina. Es un ritual que une a las familias: mientras la carne se cuece lentamente y el caldo toma fuerza.
Y es que no hay invierno en Monclova sin ese tradicional platillo que se sirve bien caliente, con su carne de res, elote, su calabaza y su zanahoria suave. Es más que un alimento: es un pedacito de historia servida en cada tazón.
Mientras los días fríos continúan, los monclovenses saben que en cada casa hay una olla lista para recibir a quien llegue con frío y el antojo de esta receta. Porque en esta ciudad, el frío se combate con cucharadas de tradición, con el calor de la cocina y con el inigualable sabor de un buen caldo de res.

