La autolesión no suicida suele utilizarse como una forma de afrontar el dolor emocional, la ansiedad o el estrés, pero representa un factor de riesgo para la ideación suicida.
En Coahuila, las autolesiones no suicidas (ANS) presentan una incidencia superior al promedio nacional entre adolescentes y jóvenes, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025.
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La información señala que 10.1% de las mujeres de entre 12 y 29 años en el estado se ha provocado autolesiones alguna vez en su vida, mientras que entre los hombres del mismo grupo de edad la proporción alcanza 4.6%. A nivel nacional, la prevalencia general de autolesiones no suicidas es de 7.1%.
El dolor emocional, uno de los principales motivos
Los datos muestran que las autolesiones pueden estar relacionadas con diferentes situaciones emocionales. Entre las mujeres que reportaron estas conductas, 76.5% señaló que lo hizo para aliviar el dolor emocional, mientras que 66.7% lo relacionó con la reducción de ansiedad o estrés y 68% con el intento de olvidar problemas.
En el caso de los hombres, 58.1% indicó que buscaba aliviar el dolor emocional, mientras que 53.9% señaló la ansiedad o el estrés como motivo.
La investigación también identificó distintas formas de autolesión. Los cortes aparecen entre las prácticas más reportadas, aunque también se registraron quemaduras, marcas en la piel, rasguños, mordeduras y golpes.
Las zonas del cuerpo donde suelen presentarse incluyen muñecas, brazos, manos, piernas, abdomen, pecho y espalda.
Las conductas pueden comenzar desde la adolescencia
De acuerdo con los resultados citados, las mujeres comienzan con este tipo de conductas alrededor de los 13 años y 7 meses, mientras que en los hombres el promedio es de 13 años y 5 meses. Además, una parte de quienes se autolesionan requiere atención médica como consecuencia de las lesiones.
Las autolesiones no suicidas se caracterizan por la destrucción intencional del tejido corporal sin intención de provocar la muerte, por lo que se diferencian de un intento suicida. Sin embargo, constituyen un factor de riesgo para la ideación suicida y pueden estar asociadas con problemas de salud mental como depresión, ansiedad, estrés postraumático o trastorno límite de la personalidad.
Ante este panorama, la identificación temprana de cambios de conducta y el acceso a acompañamiento profesional resultan importantes para atender las causas emocionales detrás de estas conductas y evitar que se conviertan en un patrón recurrente.
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