Bajo una tarde lluviosa, familiares, amigos, empresarios y personas que compartieron distintos momentos de su vida se reunieron en la parroquia de Santiago Apóstol para despedir a Rafael Eduardo Cabral Puente, reconocido empresario saltillense de la industria de la fundición, quien falleció el pasado 5 de septiembre.
La ceremonia reunió a personas que lo recordaron no solamente por su trayectoria empresarial, sino también por su carácter alegre, su generosidad, su interés por la cultura y la cercanía que mantenía con quienes lo rodeaban.
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Rafael Cabral, una vida ligada a la fundición
Uno de los principales legados de Cabral Puente quedó en la industria de la fundición en Saltillo.
Juan Manuel Torres Franco, quien compartió con él parte de su trayectoria profesional, lo recordó como un hombre de conversación amena y un compañero de trabajo que dejó conocimientos importantes en el sector.
Carlos de la Rosa Cabral también destacó su aportación a la industria de la transformación y señaló que Fundición Cabral fue pionera en su tipo de manufactura, además de resaltar los conocimientos que Rafael desarrolló sobre nuevas aleaciones y distintos tipos de hierro.
Sin embargo, quienes lo conocieron insistieron en que su historia iba mucho más allá de los negocios.
Ingeniero, empresario y amante de la cultura
Entre sus amistades también quedó el recuerdo de un hombre interesado profundamente por la literatura.
Integrantes del grupo Amigos de la Cultura Norestense lo describieron como generoso, gracioso y culto. Tenía especial interés por los poetas y dramaturgos del Siglo de Oro y acostumbraba relacionar sus lecturas con situaciones de la vida cotidiana.
Incluso participaba con una sección llamada “Reflexiones”, en la que compartía pensamientos con otros integrantes del grupo.
El futbol también ocupaba un lugar importante entre sus aficiones. Sus amigas recordaron que hablaba de haber asistido a 17 Copas del Mundo y que conocía numerosos datos relacionados con este deporte.
“Un ser humano que siempre le tendía la mano a cualquiera”
Para sus sobrinas Claudia y Cecilia Mireles, Rafael fue un tío cercano, lleno de historias y dispuesto a ayudar a quien lo necesitara.
También destacaron su facilidad para relacionarse con las personas. Era común, contaron, que alguien se acercara a saludarlo cuando lo encontraba en algún lugar.
Más allá de sus actividades profesionales y culturales, lo recuerdan por la tranquilidad que transmitía y por la manera en que hacía sentir a quienes estaban cerca de él.
Su familia recuerda su pasión por la vida
Alejandra Cristina Cabral Mireles, una de sus cinco hijas, describió a su padre como un hombre alegre, recto, dicharachero y apasionado por convivir.
Entre sus gustos estaban el futbol, el béisbol, los Saraperos, los toros, la cacería y la pesca. Pero para ella había una característica que resumía mejor su personalidad: su pasión por la vida.
También recordó una de las enseñanzas que recibió de él: “Si tú no compartes lo que sabes, no te sirve de nada”.
Rafael Cabral dejó a su esposa, Rosa María Mireles de Cabral; sus cinco hijas, Gabriela, Alejandra, Marcela, Cecilia y Sofía Elena; además de 10 nietos.
Durante su despedida, algunos lo recordaron como empresario y pionero de la fundición; otros, como amigo, padre, tío y hombre de cultura.
Para su familia, sin embargo, una frase terminó por resumir la manera en que eligió vivir y el mensaje que dejó detrás:
“No tengas miedo del día que no has visto”.
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